Hablar con mascarilla sin ahogarse en el intento

Hablar con mascarilla sin ahogarse en el intento

 

 

Hoy en día la mascarilla ha formado a ser parte de nuestro atuendo del día a día, tanto si salimos a pasear como si salimos a trabajar. Es cierto que las autoridades sanitarias nos aconsejan llevarla lo mas frecuente posible pero a la hora de la verdad es un dispositivo el cual no estamos acostumbrados a llevar. Seguramente has notado que hablar y respirar resulta difícil, no puedes mover la boca como antes y la mascarilla se va humedeciendo a lo largo de las horas.

Te voy a exponer unos consejos que te pueden ayudar a que llevarla sea mas cómoda.

 

1. El habla:

Con la mascarilla tapándonos la boca es más difícil poder articular los diferentes sonidos del habla. Por lo tanto, algo que podemos realizar es exagerar más los movimientos de los músculos orofaciales que nos ayudan a vocalizar para que al receptor no le sea difícil entendernos. De la misma manera con el volumen de la voz, debemos intentar proyectar más la voz (no gritar que después tendremos dolor de garganta) ya que la mascarilla evita que se nos escuche con claridad.

2. La respiración:

Como bien sabemos, la mascarilla no solo debe taparnos la boca sino también la nariz y es por eso que muchas veces nos cuesta respirar, ya que estos se encuentran tapados. Lo aconsejable es respirar por la nariz y no realizar respiración bucal. La respiración bucal es menos eficiente y produce mas humedad, lo que provoca que sintamos que nos falte el aire y que la zona de la mascarilla este más caliente y húmeda, y a consecuencia, respiremos aire caliente. Por lo tanto, cuando estemos en reposo o caminando, debemos inhalar y exhalar por la nariz. Esto hará que el aire que inhalemos sea mas eficiente para hablar y, por lo tanto, no sintamos que nos ahogamos, y también, que la zona de la mascarilla no este tan caliente Por ultimo, debemos tener una buena coordinación fonorespiratoria, es decir, coordinar el uso de la inspiración con la voz. Por tanto, no debemos respirar por la boca y seguir hablando, o por ejemplo, tener un mal ritmo de habla y pegar bocanadas de aire o quedarnos sin aire al final de la frase.

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