Llevas un tiempo pensando en pedir ayuda. Quizá has mirado varias veces la web de un centro de psicología, has preguntado a alguien de confianza o incluso tienes una cita reservada. Pero aparece una duda: «¿Y qué voy a contar cuando llegue?».
Puede que te preocupe quedarte en blanco, emocionarte delante de alguien que todavía no conoces o no saber explicar lo que te pasa. También es posible que tengas muchas cosas que decir y ninguna idea de por dónde empezar.
No necesitas llegar a la primera sesión con un discurso preparado. Ese primer encuentro sirve, precisamente, para empezar a poner palabras a lo que estás viviendo y conocer a la profesional que puede acompañarte.
¿Qué se hace en la primera sesión con el psicólogo?
Cada profesional adapta la primera visita a la persona y a su forma de trabajar. Habitualmente, se dedica un tiempo a conocer qué te ha llevado a consultar, cómo te encuentras y qué aspectos de tu vida te están resultando difíciles.
La psicóloga puede preguntarte desde cuándo te sientes así, cómo afecta ese malestar a tu día a día o si has recibido ayuda anteriormente. También puede interesarse por tu entorno, tus relaciones y los apoyos con los que cuentas.
No se espera que tengas todas las respuestas. Estas preguntas ayudan a comprender tu situación y a empezar a valorar qué necesitas.
La primera sesión también es un momento para que conozcas cómo trabaja la profesional, plantees tus dudas y recibas información sobre el funcionamiento de las sesiones y la confidencialidad, incluidos sus límites.
¿Y si no sé explicar lo que me pasa?
A veces lo único que tienes claro es que algo te está costando más de lo habitual. Te notas irritable, te cuesta tomar decisiones o sientes que vas pasando los días sin encontrarte bien.
Puedes empezar por ahí.
Frases como «no sé muy bien qué me pasa», «me cuesta hablar de esto» o «tengo varias cosas en la cabeza y no sé cómo ordenarlas» son formas válidas de abrir la conversación.
También puedes contar una situación reciente: una discusión que te dejó mal, un momento en el que te sentiste desbordado o algo que antes disfrutabas y ahora te cuesta hacer. Un ejemplo concreto puede ayudar a explicar una experiencia que todavía no sabes nombrar.
Encontrar las palabras puede formar parte del trabajo en terapia.
¿Tengo que contarlo todo el primer día?
Puedes comunicar que hay temas de los que todavía te cuesta hablar. La confianza necesita tiempo y no todas las experiencias resultan igual de fáciles de compartir.
Si una pregunta te incomoda o no entiendes por qué te la hacen, puedes decirlo. También puedes pedir una pausa o explicar que prefieres volver a un asunto más adelante. La profesional podrá aclararte por qué considera relevante esa información y hablar contigo sobre cómo abordarla.
La primera visita permite empezar a conoceros. La comprensión de tu historia se irá ampliando a lo largo del proceso.
¿Qué pasa si lloro o me quedo en blanco?
Hablar de algo importante puede emocionarte. Quizá llevas mucho tiempo intentando sostenerlo sin compartirlo, o escuchar tus propias palabras te hace darte cuenta de cuánto te está afectando.
Puedes pedir un momento, beber agua o decir que necesitas parar. Si te quedas en blanco, puedes expresarlo tal como está ocurriendo: «Ahora mismo no sé qué decir».
Tampoco tienes que emocionarte de una manera determinada. Algunas personas hablan mucho al principio; otras necesitan más preguntas o más tiempo. Tu forma de expresarte ese día no determina cuánto necesitas ayuda ni cómo será el proceso.
Cómo preparar tu primera cita si te ayuda tener una referencia
No es obligatorio preparar nada, pero llevar unas notas puede darte tranquilidad. Puedes apuntar:
- Qué te ha llevado a pedir cita ahora.
- Una o dos situaciones que expliquen cómo te estás sintiendo.
- Qué te gustaría que cambiara en tu día a día.
- Las dudas que tienes sobre la terapia.
No hace falta definir un objetivo exacto. «Quiero entender por qué me pasa esto» o «me gustaría afrontar de otra manera las discusiones» pueden servir como punto de partida.
Si tienes informes de atención psicológica o psiquiátrica anterior, o tomas medicación, puedes comentarlo y preguntar si conviene aportar esa información.
Tú también puedes hacer preguntas
La primera sesión es una oportunidad para conocer el espacio y valorar cómo te sientes con la profesional.
Puedes preguntar cómo suele trabajar, qué experiencia tiene con dificultades parecidas a las tuyas o cómo se acuerdan los objetivos. También puedes consultar cuestiones prácticas: duración, precio, frecuencia orientativa y condiciones para cambiar o cancelar una cita.
Conocer estos aspectos te permite tomar decisiones con más información. No necesitas salir de la consulta con una estimación cerrada de todo el tratamiento, pero sí poder preguntar qué próximos pasos se proponen y por qué.
¿Cómo debería sentirme después?
No hay una única reacción esperable. Puedes sentir alivio por haber hablado, cansancio, emoción o dudas sobre lo que has compartido.
Una primera sesión tampoco permite saber siempre cómo evolucionará la terapia. Puedes darte un tiempo para pensar si has podido expresarte, si te has sentido tratado con respeto y si has entendido las explicaciones.
Si algo te ha incomodado o necesitas que se haga de otra manera, puedes hablarlo. Y si consideras que esa profesional no encaja con lo que buscas, puedes valorar otras opciones.
Dar el primer paso en Syna Salut
En Syna Salut, en Sant Boi de Llobregat, entendemos el acompañamiento psicológico desde la escucha, la cercanía y el respeto por los tiempos de cada persona.
Si estás pensando en empezar terapia, puedes contactar con nuestro equipo para consultar tus dudas y solicitar una primera visita.
Puedes empezar con lo que hoy seas capaz de contar, aunque todavía te cueste encontrar las palabras.