Los pensamientos crean realidades

Los pensamientos crean realidades

Cuando tienes una opinión de algo, tu mente busca en el exterior todo aquello que corrobore tu idea. Por ejemplo, si piensas que hay muchos coches de color rojo, al observar los coches te van a llamar la atención lo coches rojos. Si, en cambio, pensaras que hay muchos de color blanco, verías más coches blancos. A pesar de que el número de coches de diferentes colores sea el mismo, tu percepción será distinta a la de otra persona, dependiendo de tus pensamientos.

Los pensamientos crean realidades. Sabiendo este funcionamiento del cerebro, puedes comprender que tienes más poder del que piensas. Puedes elegir a qué quieres prestar atención. Tus pensamientos se convertirán en tu realidad.

De la misma manera ocurre cuando tenemos una opinión de alguien o cuando alguna de sus características nos llama la atención. Puedes pensar que la otra persona es así y que tú no tienes nada que ver con ella, pero tiene mucho que ver. Es muy fácil observar el exterior y opinar. Lo harás según tus experiencias y creencias. Por lo tanto, tienes que saber que tu opinión nunca será objetiva. La opinión de los otros tampoco lo será.

Entonces cuando dices que una persona es perezosa, ¿crees que en realidad lo es? Si dices que alguien es irrespetuoso, ¿estás convencida de que es así? ¿Alguna vez has llegado a pensar que una persona es tóxica?

Que daño pueden hacer estas etiquetas, no sólo para el otro a quien se las diriges, si no también para ti mismo/a (que lo verás desde esta persectiva…). Esa persona a quien has juzgado es mucho más que una etiqueta, que una única característica. Es una persona. Es un ser. Es sabio y sano pensar que tiene muchas potencialidades que aún no ha desarrollado en cualidades. Hace lo que hace porque es la única manera que sabe hacerlo en este momento.

Más que centrarte en el otro, podrías poner la atención en ti. ¿Qué dice de ti que te moleste este aspecto o esta persona? En realidad, ves en el otro algo que tú tienes o que no te permites tener. Se llama efecto espejo. Los otros te hacen de espejo. A través de los otros te ves a ti mismo/a. Por lo tanto, el otro no es tu enemigo ni alguien que quiere hacerte daño. El otro te ayuda a evolucionar, a ser más libre y más feliz.

No es fácil aprender, no viene solo… Es necesario que seas tú quien haga el aprendizaje. El otro no lo hará por ti. Sólo te muestra el camino. Tampoco sabrás exactamente qué es lo que necesitas aprender. La clave está en escucharte, en quererte lo suficiente para dejarte sentir. Permítete sentir. Así podrás reconocer mejor qué pasos tienes que dar para avanzar hacia tu bienestar. Estos pasos no siempre los darás seguidos y rápidos. A veces te detendrás para coger aire y afrontar mejor tus miedos. A veces irás más despacio, sumido en la nostalgia. Otras correrás sin ver, cegado por la ira. Pero ten confianza y paciencia, volverás a retomar tu camino.

Para transitar este camino con más facilidad, te regalo algo que puede acompañarte: se trata de una palabra para nombrar a la persona delante la cual sientes malestar. Usarla puede ayudarte a calmar tus emociones y ver con más claridad. La palabra es “entrenador “. El otro es tu entrenador. Alguien quien te entrena y te ayuda a sacar lo mejor de ti. Algunos entrenadores te lo ponen más fácil que otros. Pero todos son una oportunidad para que tu puedas aprender. ¿Quieres aprender? ¿Quieres ver a esa persona como tu entrenador? ¡Te animo a probarlo! Seguro que con este pensamiento, ya vas a ver el otro de una manera diferente, con más afecto. Y también te vas a ver a ti con más cariño. ¡Vale la pena!

 

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