De una mente reactiva a una actitud proactiva

De una mente reactiva a una actitud proactiva

 Aunque a veces no seamos muy conscientes de ello, en nuestra mente abundan más los pensamientos “negativos” que los “positivos”. A continuación, os explicaré el origen de este hecho y por qué nuestra mente es reactiva. A través de un ejemplo podremos entender mejor este funcionamiento. Finalmente, expondré cómo adoptar una actitud más “positiva” y pro-activa para desenvolverse en la vida y sentir mayor bienestar emocional.

 

¿Por qué tenemos tantos pensamientos negativos?

 

De entrada, fruto de la evolución, continuamente queremos aproximarnos a aquello que es agradable y evitar o huir de lo que es desagradable. Nuestra mente se ha acostumbrado a diferenciar los sucesos de esta manera: lo “bueno” y lo “malo”, para permitirnos actuar con más rapidez cuando la situación lo requería.

 

Durante miles de años, nuestros antepasados han sobrevivido gracias a que han detectado más experiencias “malas” que “buenas”, porque son las que han tenido más impacto en su supervivencia. Evidentemente querían tener lo bueno (como un apareamiento), pero esto podía esperar; era más urgente salir vivo de un ataque o un peligro.

 

Actualmente nuestra vida no tiene los mismos riesgos como en aquellos tiempos. En general, tenemos nuestras necesidades básicas de alimentación y seguridad mejor cubiertas (como se representan en las bases de la Pirámide de Maslow). Aún así, tenemos tendencia a centrarnos en lo negativo (más que en lo positivo). Vivimos en un estado de estrés constante (casi crónico), a pesar de que las situaciones que nos generan ansiedad sean más leves (nuestra vida no está en riesgo). No nos permitimos frenar el ritmo acelerado que marca nuestras vidas, ni experimentar momentos de calma mental y relajación corporal, que tanta falta nos hacen para nuestro bienestar.

 

Por lo tanto, el hecho de tener más pensamientos negativos ha sido la consecuencia lógica de la necesidad de detectar los sucesos “malos” que nos permitieron sobrevivir.

 

¿Por qué no actuamos como una zebra?

Nuestro cuerpo funciona mediante la activación de dos sistemas: el Sistema Nervioso Simpático (SNS) y el Sistema Nervioso Parasimpático (SNP). Por un lado, el SNS se activa cuando desarrollamos acciones voluntarias como caminar o correr. Por otro lado, el SNP se activa cuando llevamos a cabo acciones involuntarias como la digestión y el proceso de evacuar, entre otras.

 

Imaginemos que una zebra está bebiendo tranquilamente en un río (con su SNP activado), cuando de repente ve que se acerca un león. La zebra detecta que es un depredador, deja de beber y empieza a correr (activando sus SNS) para huir. Cuando siente que ya está lejos del león, vuelve a relajarse (activando otra vez el SNP).

 

Es esencial poder activar alternadamente estos dos sistemas. El problema se presenta cuando tenemos continuamente activado el SNS, que nos mantiene alerta, en momentos en que no sería necesario. Eso puede conllevar estrés, dificultades para conciliar el sueño y falta de apetito.

 

En este sentido, podríamos aprender más de los animales, que se activan y relajan de una manera más funcional. En cambio, los humanos, sin ser conscientes, a veces usamos nuestra mente en nuestro perjuicio y vemos leones cuando no los hay.

  

¿Cómo podemos tener una actitud más pro-activa, en lugar de reactiva?

 

Como vemos, nuestra mente ha sido programada para ser reactiva. Tenemos tendencia a focalizar nuestra atención en aquellas situaciones que consideramos negativas y delante de las cuales, como nos sentimos atacados, actuamos de manera reactiva, a la defensiva, con alteración e impulsividad. Por otro lado, en las situaciones que consideramos positivas, sí que sabemos actuar con más serenidad y amabilidad.

 

Para poder cambiar nuestra actitud reactiva a una más pro-activa es necesario que cambiemos nuestra interpretación de las situaciones. Los pensamientos que tengamos acerca de una situación tendrán influencia en nuestras emociones, sensaciones y comportamientos.

 

Podemos aprender a no considerar las situaciones como “malas” o “buenas”, teniendo en cuenta que esta diferenciación tiene origen en nuestros antepasados. Evidentemente tenemos que detectar los peligros (los “leones”) para protegernos, poniendo límites por ejemplo. Sin embargo, sería más sabio interpretar la situación como lo que es: neutra, ni negativa, ni positiva. Cuando no estamos acostumbrados a percibirlo así es difícil adoptar este punto de vista, pero es posible y muy beneficioso.

 

Así, ante una situación que consideremos neutra, es más fácil mantener nuestra mente en calma, nuestras emociones tranquilas y actuar de manera más eficiente y satisfactoria (con nosotros mismos, las otras personas, en el trabajo, etc.)

 

 

Referencias bibliográficas:

  • Hanson, R. y Mendius, R. (2012). El cerebro de Buda. La neurociencia de la felicidad, el amor y la sabidurí Ed. Milrazones

 

 

No hay comentarios

Deja tu comentario